Las Matras

LAS MATRAS

Por: Enrique Taranto

EL CHASQUE surero Nº 81 – Julio de 2001

La matra constituyó una pieza fundamental del recado del gaucho, y es uno más entre los elementos que éste adoptó de sus hermanos aborígenes.

La descripción técnica de una matra puede ser enunciada como una pieza de origen araucano (mapuche), de lana de oveja, tejida en telar vertical, con faz de urdimbre, a cuatro bordes, con diseños ornamentales:

a) de peinecillo (también llamado peinecilla),

b) de falsa doble faz y

c) listas de tejido llano de diferentes colores, pudiendo coexistir los tres en una misma matra.

Podemos dividir la pieza en dos campos de diseño, derecho e izquierdo, que guardan simetría “en espejo”.

Lo de “cuatro bordes”, o “cuatro orillos”, merece una explicación. Todo elemento cuadrangular tiene cuatro bordes, pero en este caso significa que el tejido sale del telar ya terminado; presentando cuatro bordes sin dobladillos ni flecos por haber sido comenzado a tejer en un extremo de la urdimbre y terminado en el otro, con la consiguiente dificultad que hace que las últimas filas de trama deban ser pasadas a aguja.

Su forma es rectangular, aunque también se las puede ver con un estrechamiento en la zona medial del eje de la urdimbre, que les da una forma de reloj de arena o de dos trapecios unidos por su base menor, como los cojinillos de hilo.

Las dimensiones son y serán motivo de discusión por mucho tiempo. Las piezas modernas tienen un largo que va desde 1 metro a 1,25 metros aproximadamente, mientras que el ancho oscila entre 0,90 m. y 1,10 m., siempre hablando de lo habitual y no de lo correcto. Las piezas antiguas, coinciden generalmente en el largo, pero son mucho más angostas. La controversia y la diferencia de medidas entre las piezas antiguas y modernas surge, en mi opinión, de la forma de tender la matra sobre el lomo del animal.

La concepción estructural de la pieza cobra así mayor lógica por varios motivos: 1) los dibujos del tejido caen armónicamente hacia ambos lados. 2) la pieza es traccionada en su sentido longitudinal, respetando la forma en que fue tejida. 3) la zona que muchas matras presentan en ubicación medial o desplazada hacia los 2/3 del tejido, interrumpiendo el dibujo con tejido llano o con peinecillo forzado, cumpliría una función de resistencia para recibir el peso del jinete. 4) la forma de colocar las matras actualmente hace que éstas deban ser ubicadas con su faz hacia abajo para que, al doblar los extremos quede a la vista el dibujo. 5) una matra de 1,20 m. de largo debe ser doblada aproximadamente unos 30 cm. en cada borde; de esa manera, las borlas que adornan los extremos de las matras antiguas quedan en cualquier lado menos en las puntas.

Los colores de las matras abarcan todo el espectro cromático, tanto durante la época en que se utilizaban tintes naturales, generalmente de origen vegetal, como tras la irrupción de las anilinas industriales. Las lanas de las piezas antiguas se teñían con colores fuertes y llamativos y los colores suaves y atenuados que ahora exhiben es producto del paso del tiempo con la consiguiente degradación por la luz solar, el ataque del sudor salino del caballo y la abrasión de la fibra por frotamiento.

El color de base es generalmente el natural, de lana sin teñir, a veces alternando en calles anchas con otros colores utilizados en otras calles o sectores para dibujar (hilos de urdimbre suplementaria).

En cuanto a los dibujos, son geométricos sin excepción, aunque esas figuras sean representación de estrellas (rombos escalonados), regiones boscosas (triángulos repetidos), elementos de labranza (garfios), ojos de guanaco (rombos), ano de ñandú (rombo escalonado), estribo de palo (triángulo de doble línea), araña (rombo con garfios), cerros y ríos (líneas simples o dobles en zigzag que atraviesan transversalmente todo el campo) etc.

Resulta recurrente la figura del rombo, un poco influenciada por el sentido oblicuo al que obliga la técnica para dibujar, pero reconocida por diversos investigadores como una representación de los puntos cardinales, de gran importancia para la cultura mapuche por su concepto de división del espacio en un sector maléfico o negativo, integrado por el Norte y el Oeste, en contraposición con los benéficos, el Sur y el Este (principalmente éste ultimo por su relación con la salida del sol).

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